Entre los versos y la poesía de Sofía Ellar

Por Patricia Fernández. 
18 de noviembre de 2018 - Madrid
Siempre he pensado que la mejor manera de sobrevivir a los estragos de noviembre es entre libros y poesía, hasta que conocí a Sofia Ellar. Con un cuestionario impregnado de sus letras y unas ganas irremediables de bucear en ella espero a que llegue a nuestro encuentro en La Baravaca de Aravaca. No es casualidad que hoy, en este restaurante de las afueras de Madrid, todo suene a poesía. Como tampoco lo es que la entrevista con Sofía se deshaga en versos y música. Es entonces, cuando quedan tres minutos para las siete y media, que un torbellino de energía y dulzura aparece sonriente por la puerta del restaurante, Sofia Ellar.

Ellar es la combinación perfecta de esas personas que te inspiran. Como un poema bien escrito, te enamoras de sus formas, pero el interés acaba recayendo en su fondo. Artífice de una voz que cautiva, una fiel guitarra y muchas letras, esta cantautora madrileña ha cosechado el éxito de mano de sus dos discos, Seis Peniques (2017) y Nota en Do (2018).

Sin embargo, Sofía, además de música, es su propia gestora. Independiente de cualquier discográfica, ha sido capaz de autoeditar sus dos álbumes y de llenar salas emblemáticas de Madrid, como La Riviera el pasado 16 de noviembre, donde celebró entre acordes y magia su primer cuarto de siglo. No obstante, sentada junto a Sofía en este restaurante las cifras y la multitud parecen disolverse. Porque Sofía, como vaticiné, es poesía. Y de mano de Silvio Rodríguez, Pablo Neruda y Luis Ramiro, hoy ella me invita a conocer el lado más humano de un artista.

Esa niña cansada de oficinas
Que se busca la vida cantando esta canción
Y en tu rutina no hay hueco ni cabida
Ni espacio en tu repisa para esta inspiración”.

Amor de Anticuario – Seis peniques

Sofía Ellar concierto oviedo madrid
Sofía Ellar durante un concierto en Oviedo el 27 de octubre. Fuente: instagram

La sonrisa de Sofía es pura vitalidad, pero como un buen poema, yo quiero saber qué duerme bajo esos ojos chispeantes y esa dulzura arrebatadora. Por eso me delato, qué queda de esa niña en la mujer que es hoy Sofía Ellar. “En mi foro interno me sigo sintiendo esa niña que reniega de ser esa mujer, creo que aún me quedan muchas cosas que contar. Un montón de cosas que frente a un papel me hacen sacar mi versión más enrabietada. Ya tendré tiempo de ser esa mujerona del todo. Para mí es una lucha constante para seguir matando con sonrisas y con trabajo”.

Es su sonrisa y su trabajo dos de las cosas que hoy, mientras escribo esta entrevista, se dibujan en mi mente cuando pienso en Sofía. Porque ella, que es partidaria de “guardar tu Peter Pan, porque es tu versión más genuina, la que creé en la bondad del mundo y de las personas”, admite que su filosofía de vida es clara, el Carpe diem. Pero no un Carpe diem al uso, sino de “disfrutar el momento. Siempre me dicen que he llenado la Riviera, Joy Eslava… pero a lo mejor lo siguiente es una sala en Sevilla de 300 personas o de 100. Y todas esas cosas las tengo que ir disfrutando, porque el tiempo va pasando y juega en nuestra contra”.

“El mundo necesita gente que sufra lo que el resto del mundo no sufre y que sea capaz de evocarlo y transmitirlo a través del arte”.

Sofia Ellar entrevista
Sofia Ellar durante la entrevista. Autoría: Paula Salgado

Mientras charlamos, compruebo un par de veces que la grabadora funciona, casi por el miedo de que las palabras de Sofía hoy no queden rescatadas. Su niña, su Peter Pan, muestran una determinación y una madurez que revisten sus 25 años. “No quiero ser un producto que explote como un fuego artificial y que de repente se apaga. No quiero apagarme, sé que no depende de mí, pero voy a hacer todo lo que esté en mi mano para intentar evitar ser un fuego artificial de cinco segundos”. Aunque tiene la chispa de un fuego artificial, su determinación augura un futuro prometedor lejos de la vida de oficinas.

Será verdad que no aguantas mis mañanas
Mis miedos cuando nadie nos daba la razón
Y será verdad que se me han quitao’ las ganas”.

Amor de Anticuario – Seis peniques

“Mis miedos son todos, desde que me levanto hasta que me acuesto. Dónde te has metido, qué haces con tu vida, dónde están tus amigas, te estás perdiendo la vida… Estoy trabajando a contracorriente, porque no tengo un horario de oficina que vaya a favor de la corriente”. En este ánimo de ir a contracorriente los miedos de Sofía parecen disiparse y, aunque habla con palabras, sus ojos cuentan lo que, en otra ocasión, su guitarra confesaría. “La vida del artista es una vida solitaria, de picos, pero así es la vida del cantautor que tiene su propia misión. El mundo necesita gente que sufra lo que el resto del mundo no sufre y que sea capaz de evocarlo y transmitirlo a través del arte. Pero eso nos hace daño a nosotros. Es un sacrificio y un oficio que se basa en un trato: yo sufro lo que tú no sufres para que en un momento de tu vida cuando te han dejado seas feliz”.

“Ana me abraza una vez más
Ana me entiende y a pesar
De que no soy perfecta
Y aunque me entretengan al andar
Las piedras en mi caminar
Ella es el hombro al que llorar
Ana te quiero, de verdad”.

Ana – Nota en do

Es precisamente la conciencia de que la música sirva para un bien mayor lo que deja entrever que Sofía va más allá, que no se conforma. Y, en este viaje, se delata la presencia de un amor que ambas compartimos y que, quién lo tiene o lo ha sentido, lo deja nacer con cada palabra: el amor de una madre. “Si te soy muy sincera esa canción la escribí a lágrima tendida sentada en la cocina de mi casa. Llevábamos unos días sin hablarnos, yo tengo mi corazoncito y siempre me ha costado mucho expresarme por hablado. Escribiendo me salió esa canción y se la mandé por nota de voz. Me dijo que no tenía palabras. Me costó lo suyo y hoy en día me sigue emocionando”.

Los discos cuentan historias, facetas y etapas de los artistas”.

Sofía Ellar entrevista
Sofía Ellar durante la entrevista. Autoría: Paula Salgado

La humanidad que delatan las letras de Sofía y la serenidad de su voz consiguen que, aquí fiel servidora, me permita la licencia de descansar unos segundos en su mirada cristalina. Mientras, mi curiosidad pregunta por la relación que existe entre esa canción que le dedicó a la que ella dice es “un ejemplo” y su “protectora”, Ana con Mundos…?, es decir, la última y la primera canción de su segundo disco, Nota en do. Pero Sofía se me adelanta y comienza a hablarme de Mundos uno (Seis peniques).

“En Mundos uno y Mundos dos, si te fijas, es el mismo tono. Ambas vuelven al mismo estribillo, pero de una forma mucho más armónica. La relación entre ambos es que en la primera me dejan por otra, pero en la segunda ahora me toca a mí, comienzo a hablar con un nivel de madurez distinto. Ahora soy yo la que pone las cartas sobre la mesa. En el primer disco me rompen el corazón con un Rock’n’rolles de Chiquillos, con un Mundos, con un Amor de anticuario… en el segundo ya estoy más crecidita. La relación entre Mundos dos y Ana es igual, son la primera y la última canción de Nota en do. Si te la pones en un disco, cuando acabas Ana y vuelve Mundos dos estás en la misma armonía. Los discos cuentan historias, facetas y etapas de los artistas”.

“Que entre champagne y otros pecados
Cuaderno y lápiz entre manos, resucita una canción
Y al encender el telediario
En este mes tan temerario, sentiremos el calor”.

Humanidad en paro

Las canciones de Sofía son historias consagradas a versos y notas musicales. Pero sus letras destacan en un panorama en el que esta sensibilidad se ha perdido en muchos casos. “La música nos acompaña desde que estamos en los vientres de nuestras madres, cada momento nos incita y nos evoca una sensación. Ahora mismo estamos en un momento donde el contenido musical, en especial las letras, a las que yo primo, no es que sean carentes, es que el mensaje es banal. Pero en la historia también ha habido mensajes banales y cuando se toca fondo se vuelve a resurgir, el renacimiento”.

“Nadie te puede decir que no a ayudar a una niña o a un niño”.

Sofía Ellar Humanidad en paro
Sofía Ellar en el videoclip de Humanidad en paro. Fuente: Sofiaellar.com

Estas letras, a las que Sofía les da prioridad y que hacen que miles de personas se emocionen, le llevaron a escribir una oda, una llamada de atención sobre la grave crisis humanitaria que el planeta entero está atravesando. En este sentido, la música se convierte en un instrumento de denuncia social con canciones como Humanidad en paro, que Ellar lanzó el mes de noviembre de 2017 y cuya recaudación donó a dos ONG: Fundación World Vision y RAIS Fundación.

“En un mes como noviembre los sentimientos están a flor de piel. Todos somos más humanos. Por eso quise sacarlo ahí, cuando la gente está a flor de piel puedes lanzar un mensaje y hacer que reaccione. Ya sea dándole un caldito a una persona … hay que echar un cable. Me informé muy bien con las dos ONG, quería que la recaudación fuese a una causa, y ¿qué mejor que a los niños, en este caso de África, que son los más vulnerables? Nadie te puede decir que no a ayudar a una niña o a un niño. Hay que cuidarlos”.

Se trata de ser persona y de utilizar mi altavoz como influencia positiva”.

Al valor humano que adquieren las letras de Sofía se suma el valor político, como su adorado Silvio Rodríguez, que es “el cantautor protesta por definición. Porque lo bonito es transformar el odio en amor. Te cagas en un dictador con poesía y transformas ese odio, pero no dejas de expresarte ni de ser libre”. Sofía es clara y concisa y me asegura que no se arrepiente de “ninguna letra que he escrito”, y que detrás de cada canción y de cada acorde hay “una musa”, porque “te mentiría si no te dijera que mis canciones no están inspiradas al cien por cien. Yo no dejo títere con cabeza”.

“Que Amelín cruzó gran vía
Y con su flauta en fila india le verás

Hoy que el ser honesto no se lleva puesto
Ni en el bar de en frente de los residentes que todo lo saben

Hoy hasta el respeto se ha quitado el traje
Reniega a su puesto y anda por la calle
Hoy que todo vale”.

Hoy que somos locos – Nota en do

Cuando Sofía afirma que no deja títere con cabeza sus letras vienen a darle la razón. Rescatando a Silvio Rodríguez, le traigo su propia canción, Hoy que somos locos, y le pregunto cuándo todo vale. “Todo vale en el momento en el que yo me siento a escribir una canción y empiezan a pasar mil cosas”. Pero afirma que al lanzar estos mensajes lo hace “de una manera en la que digo lo que quiero decir, sin darle más vueltas. Y el día que me meta en un problema me meteré. Saldré de ello. Se trata de ser persona y utilizar mi altavoz para crear una influencia positiva.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.”

El viento de la noche gira en el cielo y canta”.

Poema XX – Pablo Neruda

Y mientras habla y me cuenta sobre la necesidad de la música como terapia y como altavoz, intercala a poetas como Pablo Neruda y musita uno de sus versos más célebres: “puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Porque para escribir sus versos ellas necesita “estar sola, tener tiempo conmigo misma. Para mí componer es una auto terapia, siempre lo hago a papel y boli. Hay veces que me levanto a las cuatro de la mañana con una melodía o con una frase que va a ser el título de mi canción”. Y, en sus canciones, Sofía me cuenta que las letras nacen de la intuición partiendo del conocimiento, ambas se relacionan, pero primero va el corazón. Me siento y escribo, mis sentimientos se conectan con melodías. Me siento y lloro delante del papel y esa lágrima lo conecta. Hay otras veces que te sientas y no te sale nada, solo trozos. Y otras en las que te sientas y en quince minutos tienes un Rock’n’rolles de Chiquillos o un Ana que me salió en diez minutos, del tirón, llorando. Es la labor terapéutica de la música”.

Creo que mi trabajo es enamorar a las personas todo el rato”.

Y en esta labor terapéutica, Sofía se deshace en anécdotas que ha compartido con sus fans, de los que ella dice, son familia. Además, admite que es una relación en la que tanto ella como sus seguidores se retroalimentan, “yo sé que gracias a ellos estoy donde estoy. Esto se basa en lo que me das tú por lo que te doy yo”. Es esa muestra de generosidad, junto a su sencillez y su humanidad, los componentes estrella que caracterizan a esta joven cantautora.

Por eso reivindica que los artistas, además de todo, son personas. “Antes se ponía un póster, pero somos personas como todos los demás”. A continuación, Sofía pronuncia las palabras más emblemáticas de la noche mientras se acuerda de la cantante estadounidense Janis Joplin: “una vez me preguntaron a qué me dedicaba… me quedé callada un par de minutos y dije: “te diría que a cantar y a componer, pero creo que mi trabajo es enamorar a las personas todo el rato””.

“Entre letras y lágrimas… me fumé mis preguntas”.

Llegadas a este punto del encuentro he de ser yo la que se confiese, que el guion quedó ensombrecido por la espontaneidad y la poesía de Sofía. Lo abro y compruebo que hemos tocado todos los puntos y bromeo mientras le comento la necesidad que existe muchas veces de abandonarse a la propia conversación. Ella pausa sus ojos sobre mí, sonríe y me responde en verso, “entre letras y lágrimas… me fumé mis preguntas”. Y parte de lo que hablamos aquella noche se escribe hoy aquí con miradas.

Por eso, con su copa de vino medio llena y mis ganas de poder robarla un poquito más, la pido que me recomiende un libro. “Te diría que leyeses a Luis Ramiro…”. Pero si la espontaneidad manda en Sofía, ahora más. Agarra uno de mis papeles, coge el bolígrafo y se ensimisma mientras escribe los nombres de Luis Ramiro, de Silvio Rodríguez y de Marco Masini. Escucha “Monstruo en el armario” porque “te va a encantar”. Y cómo no, de Silvio Rodríguez, “Por quien merece el amor” y “Bella idiota” de Marco Masini.

Sofía Ellar entrevista
Al final de la entrevista junto a Sofía Ellar. Autoría: Paula Salgado

Y entre letras, música y poesía, Sofía me dice que quiere hacerse una foto, para “inmortalizar este momento”. Porque Sofía Ellar rima con Silvio Rodríguez, con Pablo Neruda, con Luis Ramiro… y aunque ella podría escribir los versos más bonitos, esta noche me ha emocionado con su espontaneidad y con su capacidad de matar con sonrisas sin necesidad de que muera nadie. De esta forma, con la copa de vino blanco todavía medio llena en un restaurante de las afueras de Madrid me despido de Sofía con una última promesa: volvernos a ver.