De lo mucho que amaba la Luna

Solo cuando el Sol se dejó de poner me di cuenta de lo mucho que amaba la Luna.

Que me cala, que me tienta, que me roza. Luna de mil sabores.

Que se queda en cuatro besos cuando no llueve abril y me deja junio sediento, a sabiendas de que desespero por volver a verla.

Luna de canciones roncas y de no entender. Porque sabes que te deseo no te dejas ver. Saltas de palea en su ciudad, rondas por Madrid a cuenta gotas. Y yo que deshago mis noches, bañándome en mil soles, solo te quiero a ti, Luna rota.

Se exime de cualquier resquicio de magia. Pierde en su bondad la picardía. Se sabe sencillo de atrapar. Ilumina a quien le guía. Tanto Sol en la penumbra, me cansa que sea de día.

Saber que allá afuera besan santos y que mi cama se deshace con demonios. Que cuando él me besa yo querría que fueses tú, Luna, aquí a mi verita.

Y no por despecho él pierde su encanto. Pero sabe el cielo que yo mendigo de tu enigma. Que cuanto más me huyes y me recelas, ¡ay, Luna! Más te deseo a la verita mía.

Si mis cabellos te pudieran regalar, Lunita, tuyos serían. Si de mis letras te pudieses escapar, Lunita, jamás te soltaría. Si de un beso te pudiese amedrentar, de mil noches de estrellas en mí te quedarías.

Brilla como los luceros de San Fernando. Ruge como el viento de Doña Ana. Y yo que vivo de misterios y bebo del lado oscuro que no enseñas, ese Sol nuestro no derrite estas ganas.

Si besarte yo pudiera. Si escribirte me dejaras. Si abrazarte tú quisieras. Ay, ¡Luna eterna! ¿Por qué vienes y me dañas?

Yo que soy de espíritu débil, que canto en mi poesía lo que la carne grita, y tú a sabiendas de que bebo de tu vientre, te vas, Luna, dejando una heridita.

Qué si tú me invitas a subir, Luna, de ti no me deshago. Cenamos hasta que te escondas y prendo de mis labios que nunca me quisiste.

Te quiero solo para mí. Pobres mis intenciones que se visten con tu vuelo. Mientras corres, para por aquí, que yo te regalo, Luna, mi amor y sus luceros.

Ciega de los días de oscuridad, por más que brille el Sol vivo sedienta de tu manantial. Y solo cuando te supe, Luna, lejos y en otro lugar, aprendí que te deseaba, aunque solo un ratito te quisieras quedar.

Y así yo te escribiría, mientras vienes y vas, porque Luna de mis noches, vil señora de mis días, solo al saberte perdida, te quise recuperar.   

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