Despedida: a medio caminar

Estas letras son el único lugar donde me siento segura. Solo en esta piel mía me sé enraizar. Lloro con la marea cuando sube la Luna. Y solo por ella me dejo cuidar.

No soy niña de promesas vacías, tampoco sé jurar. Mis únicas creencias descansan bajo la tierra, y solo por el viento me dejo susurrar.

Quien llora por acertijo, aviso con cautela: no me sé quedar. No me pidas que te quiera cuando den las doce, no me pidas que nade en un solo mar.

De media y noche te abriría, regocijo de mis secretos este manantial. Y al caer el día yo te juraría, que fue otra, que es mentira, que nunca me fui a confesar.

La puerta entreabierta por la rendija, se cuela la luz por el ventanal. Escuchan entre susurros gritos de dos niños, que se quieren juntos, sin saber amar.

Yo de luna, tú de día. Reclamo de mis letras no te voy a regalar. Se deben ellas a quién las versa, y de mil pedazos mi corazón está.

Frágil niña de nochecita, dócil ser que no se deja abrazar. Cuando amanezca pulcra será de acero, y en su corazón desnudo no te hayarás.

De mil rosas y luceros, yo te podría susurrar, que si te quedas nacemos de cero, y en otra vida te volvería a amar.

Pero yo ando asedio a cortafuegos y tú buscas con quién descansar. A mí la jaula me da vértigo: me despido a medio camino que se me olvidó llorar.