Se ha enamorado de mí la melancolía

Punza como clavos ardiendo sobre el pecho. Otra noche sin Luna. Bailo con la pena que me pisa los pies. Y en el llanto del final de mi copa, se ha enamorado de mí la melancolía.

Escribo con retazos de quien queda aquí tendido. Derrota fugaz sobre mis ojos. Me has dejado en los huesos, con la maleta vacía. Amasijo de intenciones maltrechas. Quedamos yo y la poesía.

Intimidad robada sobre el papel. Transeúnte a quién adoro ¿es que ya no me deseas? Bicolor de las taras que me dejan verte. Y me ahogo en estos versos donde el mar se torna bravo.

Lloro lágrimas de sangre. Me he vestido pulcra y vil de melancolía. Y en la melena de mi vehemencia taciturna, suplico por una voz que dirija mi camino.

Ecos sordos en el vacío. Dos bocanadas de humo, piel al aire. Polvo de estrellas directo al corazón. Me desnudo sin tocarte, detengo esta bala y canto sola esta canción.

Retumba tu voz desencarnada del llanto amargo del adiós. Elegía escrita sobre la piel aún mojada. Vertiste sobre mí la infamia del dolor y en la oscuridad de la noche me deshago en otras almas.

Me cuelgo en estos versos y me baño en el Rocío. Niño de pensamientos huecos, corazón de esparto y piel de acero. Desaparece de los vértices del amargo corazón, que pueda matarte con este poema, sin haberlo querido yo.

Y sin más desdicha que esta elegía. Y sin más recuado que mi dolor. Bailo lento con la melancolía. Me pisa un pié, besa mi herida, otra noche sin Luna que me hace el amor.