XII

El mar de Norte sureño
se dibuja en estos lagos
donde beso, duermo y sueño
amantes de cuerpo raso.
Suena un piano sordo,
cita mi nombre ahogado.
Así aparece de pronto
aquel amor ya olvidado.
Dos niños corren gozosos
por las esquinas de mi cuarto
ajenos a la desdicha
al destino condenados. 
La niña del sol de España
y el niño de cabello pardo
se mecen sobre la hoguera
de estrellas y verdes nardos.
Le quise como Catalina
amó a Enrique VIII,
con mi alma de gitana
 vi mi cuerpo degollado.
Dos puñales le bastaron
al gitano de ojos pardos
para que la rosa de mi vientre
fuera sangre de su estado.
Llora la niña llora,
al ver al niño amado
partir en un navío
con los ojitos cerrados.




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