Almudena Amor: «Mi dualidad es mi fortuna y mi desgracia»

«¿Da vértigo?» “Mucho”. Almudena Amor reposa la mano en su rostro. Su mirada, soñadora y profunda, divaga por la sala de Desengaño 13, de espaldas a Madrid. Es alta y esbelta. Sus formas se dibujan tras la mesa y el zumo de melocotón. Habla con pausa, sin aforismos. Acaba de estrenar su segunda película, ‘El buen patrón‘ , con Fernando León de Aranoa y Javier Bardem. Antes de contar historias estudió un grado en Publicidad: “No quería morir de hambre. No cabía la posibilidad de ser actriz. Si elegía eso era como no elegir nada”. Durante los años universitarios hizo cortos y ejerció de modelo. Hasta que terminó los estudios y “con todo en contra”, decidió apostar: «¿Confiabas en ti?». “No, pero me quise dar la oportunidad de volver a estudiar teatro. Es mi pasión, si no lo intentaba me iba a arrepentir toda mi vida”. La pulsión forjó el camino y la oportunidad llegó. Su primer largometraje, ‘La Abuela’, de mano de Paco Plaza, llegará a los cines el 5 de enero.

Ambos filmes la han llevado a los festivales de cine más importantes y a copar portadas. En ella conviven las polaridades. El glamour y sus katiuskas. La pulsión y el vértigo. El misterio y la transparencia. La prensa la describe como la chica de moda, pero se aparta de imposturas: “No quiero ser una moda”. Amor es auténtica, aunque ha tomado conciencia de su personaje «de actriz«. Estas polaridades son su “desgracia y su fortuna”. Pero trata de llegar al equilibrio: “Es como actuar”. Y, pese a las luces y la fama, los únicos nombres que hacen que a Amor se le trasluzca la mirada son los de sus abuelos. Los vértices de esta entrevista se dilatan por su pasión. A las ocho y diez, con más experiencia ante los periodistas, pero con algo de vértigo, comenzamos a charlar antes de que la grabadora congele el momento y Amor se escape con su madre al cine a ver ‘Petite mamam’.

Almudena Amor durante la entrevista / ©Pablo Pereira

P- ¿Cómo estás viviendo esta ficción de la fama? Tan repentina.

AA – Esta industria va muy rápido. La gente sale y entra, las películas se estrenan y se olvidan con mucha rapidez. Leo artículos que dicen, “la chica de la que todo el mundo habla”, “la chica de moda”…  Yo no quiero estar de moda, porque una moda pasa. Lo que quiero es que mi trabajo se valore, que es lo que está pasando, y seguir haciéndolo sin engancharme a las etiquetas que definen. Es importante no perder de vista esto, porque si le doy mucha importancia a todo lo que se está escribiendo, en el momento en el que no escriba, ¿qué pasa? ¿Ya no soy actriz? La fama te la dan y te la quitan de la misma forma. Yo no me agarraría a eso, hay actores en este país que no son famosos como tal y que curran muchísimo. 

P- Ser el segundo violín… 

AA – Y si al final te toca ser el primer violín de puta madre. 

P – Es tu caso ahora. 

AA – Sí, en esta experiencia un poco. Pero no me aferro a ser primer violín, si no a tocarlo, a disfrutar y a hacerlo con gusto. Que no importe tanto la posición, si no lo que tú haces. 

P – La otra cara de esta moneda, el fracaso. ¿Cómo se lidia con esta polaridad y con los “no” antes de que llegue la oportunidad?

AA – Lidio igual con las dos, trato de enfrentarme a ellos. Cuánto más éxito tienes, más aumenta el vértigo al fracaso. Cuánto más aumenta el fracaso, más ganas de éxito. Para mí está muy ligado a sensaciones y a cómo lo vives. Son dos extremos, pero no hay que agarrarse a ninguno porque son muy relativos. Nunca sabes lo que va a pasar, entonces veo el éxito como reconocimiento de un trabajo, pero la fama es tan… Lo que importa es el reconocimiento al trabajo. Pero la fama, el éxito y el fracaso me parecen palabras peligrosas. 

P – Con el éxito de ‘La Abuela’, el Festival de Sitges, San Sebastián y todo lo que está sucediendo, ¿cómo se ha dibujado la línea entre tú y el personaje?

AA – Se dibuja un personaje porque en el momento en el que empiezan a hablar de ti, te etiquetan y te ponen cualidades con las que la gente genera en su imaginario algo de cómo eres. Pero sí que es cierto que he sido bastante honesta y natural. Yo lo he llevado así, como si conociese a gente de la misma forma que conozco a amigos de otros amigos, pero sin pensar que es un periodista. Tuve esa rallada antes de San Sebastián, qué les iba a decir o qué me iban a preguntar (los periodistas). Me agobiaba sentir que me tenía que definir, pero se me fue pasando y pensé: “No te ha ido mal en la vida, ve y cuenta lo que sientes. A lo mejor no son las mejores reflexiones del mundo, pero te queda mazo por aprender”. A veces tengo esa cosa de querer saberlo y hacerlo todo, pero luego pienso, “bueno tía, no pasa nada si no lo sabes todavía”. Yo cuento lo que siento. Pero estoy bastante abierta a repensarme todo el rato. 

Si le doy mucha importancia a todo lo que se está escribiendo, en el momento en el que no escriba, ¿qué pasa? ¿Ya no soy actriz?

P – En la prensa uno de los espacios comunes en los se te ha descrito hasta ahora han sido las polaridades. ¿Cómo percibes esta dualidad?

AA – Totalmente reflejada. Mi dualidad es mi fortuna y mi desgracia, me pasa con todo en la vida. Mis sentimientos y mi persona son dos extremos donde lucho por alcanzar el equilibrio. Por eso creo en el misterio de cuando no sabes por dónde te va a salir una persona, eso me pasa conmigo misma. Siempre están los dos extremos, pero trabajo por encontrar el equilibrio. 

P – ¿Y lo encuentras?

AA – A veces. Es como los personajes. Actúas para llegar a esa verdad. 

P – Respecto a actuar, tu primer gran papel llega con Paco Plaza y ‘La abuela’. En el filme es fundamental la corporalidad para dibujar un retrato gótico. Tanto tú como Vera Valdez habéis sido modelos. ¿Qué papel juega la corporalidad a la hora de construir los personajes? ¿Qué importancia le das como actriz?

AA – Es esencial. La relajación, la conciencia del cuerpo y escuchar tus impulsos. Yo trabajo mucho con impulsos internos y sensaciones a la hora de interpretar. Lo que pasa es que hay dos Almudenas. Almudena Parejo, mi primer apellido, esa era la anterior. Luego está Almudena Amor, que vino con la actriz. Con la anterior yo tenía el cuerpo muy bloqueado. Soy muy alta y muy tímida y, aunque hacía baile de pequeña, no llegaba a coordinar bien y las profes eran bastante duras. Poco a poco me fui distanciando de mi cuerpo, quería esconderme y me costaba ocupar mi espacio. Luego, gracias a la interpretación, a mis amigas y a crecer me reconcilié. Para ello hacer teatro físico fue fundamental. 

P – ¿Cómo te relacionas con el personaje de Susana? 

AA – No hablo mucho porque mi abuela no habla, entonces la interpretación era jodida. El viaje lo viví en primera persona. No hubo ensayos, era todo a capón. Conectaba muchísimo con el personaje y la historia. Al ser terror había algo muy físico. Haber estudiado teatro físico me ayudó mucho porque me guiaba desde la intuición y me ponía mucha música. Todo esto que a mí me gusta hacer me ayudó mucho. Además, mi personaje también lo está viviendo todo por primera vez. El mismo miedo que tenía Susana lo tenía yo como actriz. Había algo ahí para conectar bien. Además del tema de la vejez, el cuidar de alguien que te ha cuidado pero que está desapareciendo. Yo eso lo tengo muy presente con mis abuelos. 

P – En el filme hay terror, pero a la vez es un retrato de esta soledad que viven los ancianos.

AA – A mí me encantan los abuelos. Me emociono si lo pienso… Cuando rodamos en la residencia hice muchos amigos. Hay algo que me da mucha ternura en la gente mayor. Son súper sabios, pero al mismo tiempo son niños y tienen esa cosa de abandono que me da mucha pena (se emociona). Hay que darle valor y hoy en día, tal y como va la vida, es súper difícil estar con tu familia todo lo que te gustaría. Yo a mis abuelos del pueblo les vería todas las semanas, pero no voy a estar yendo a Toledo. A la de Madrid me esfuerzo en ir una vez a la semana, mínimo.  

P – ¿Cómo están viviendo ellos esta situación?

AA – Muy contentos (sonríe). Los del pueblo tienen a toda la residencia revolucionada. 

P – ¿Han visto ‘El buen patrón’?

AA – Mi abuela de Madrid sí, los de Toledo no. 

P – En el rodaje de esta segunda película, te dirige Fernando León de Aranoa y ruedas con Javier Bardem.

AA – Aranoa es muy buen director. Está muy guay porque si me han escogido es porque han visto que podía hacerlo, pero hay que darle mucho valor a la dirección. Si es verdad que es Bardem y es muy fuerte, pero yo no lo tengo muy mitificado. No soy muy fan de nadie y no suelo mitificar mucho a casi nadie. Más a la gente que conozco en la vida. 

Yo cuento a los periodistas lo que siento. Pero estoy bastante abierta a repensarme todo el rato. 

P – Como a tus abuelos. 

AA – Claro. Le admiro muchísimo como actor y los primeros días de ensayos me imponía. Pero él lo pone super fácil y no impone tanto. Era todo bastante cotidiano, en el rodaje sentía que estaba aprendiendo muchísimo y verle actuar era increíble.  Le preguntaba movidas de interpretación y era muy guay, con Fernando también. Creo que en ese momento no era tan consciente. Hasta que ha salido y ha sido como bum.

P – Durante ambos rodajes, ¿desarrollaste alguna manía o ritual?

AA – Me apoyo en la música según qué escenas. También hay algunos gestos que hago con las manos para soltar a mi persona y entrar en otro sitio. Soy bastante intuitiva, la verdad. Voy sintiendo según la escena. No tengo tips o trucos, si no que las cosas van saliendo. 

P – En esta intuición de la que hablas, ¿alguna vez tuviste el presentimiento de que todo esto podía pasar? 

AA  – Sí. Si no, me habría rendido, imagino. Yo sentía que podía pasar, aunque no sabía si lo iba a hacer. Yo creo que cuando eres actriz sueñas con eso. Con tener un público, un espacio, un apoyo y un reconocimiento para que puedas dedicarte a eso. Además soy muy soñadora, entonces sueño mucho. 

P – ¿Con qué sueñas ahora? ¿Cuál es el siguiente paso?

AA – Hay proyectos… 

Almudena Amor durante la entrevista / ©Pablo Pereira

P – ¿Se puede saber alguno?

AA – No son concretos. Hay historias, directores y tipos de películas que me gustaría hacer. Pero nada muy concreto. 

P – ‘El buen patrón’ ha sido seleccionada por España para los Óscars, ¿están en esos sueños cruzar el charco?

AA – Para trabajar con proyectos puntuales sí, pero no me iría a vivir. Soy más fan del cine europeo que del de Estados Unidos. Pero bueno, hay proyectos de allí que me flipan. 

P – ¿Qué estás leyendo ahora?

AA – Estoy leyendo poco. ‘Cien años de soledad’ que me está llevando cien años leerlo y me jode un montón porque empecé en verano… 

P – El propio Márquez decía que si se te atraganta un libro es mejor dejarlo, el mundo está lleno de libros. 

AA – Sí que me gusta, pero con todo esto y el ajetreo mental he leído muy poco. A lo mejor un rato que tengo me apetece desconectar, dar un paseo, bailar… Tampoco estoy viendo muchas películas, estoy un poco desconectada últimamente. Pero tengo varios. Otro de Mariana Enrique que quiero leer, ‘Los peligros de fumar en la cama’ y de Buñuel, que lo dejé a medias, ‘Mi último suspiro’. 

(A punto de terminar la entrevista una persona se cuela por la puerta del bar, que está cerrado. Amor se reacomoda)

AA – “He escuchado a alguien y he dicho de repente, ¿qué hora es?

P – Mil gracias, Almu. 

AA – ¿Sí? ¿Ya está? 

P – Llevamos casi una hora…

AA – Gracias a ti.

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