Nerea Pérez de las Heras durante la entrevista / © Pablo García

Nerea Pérez de las Heras : “El feminismo es una apuesta política que impregna tu vida y relaciones”

Patricia Fernández 
19 de diciembre de 2021 - Madrid

La periodista, historiadora del arte y humorista Nerea Pérez de las Heras (1982, Madrid) encaja la tecla del humor en el tendón de Aquiles del patriarcado, la información. Es la tercera temporada que Teatro del Barrio programa su obra, ‘Feminismo para torpes’, que es además un libro y una serie de vídeos para el diario El País. Ahora presenta ‘Cómo hemos llegado hasta aquí’, donde a través del talk show y de la cultura pop realiza un ejercicio de revisionismo político feminista sobre una biografía personal. Con todo, acaba de estrenar el podcast ‘Saldremos mejores’, junto a Inés Hernand. De las Heras comenzó en el teatro “por casualidad”, cuando unas amigas necesitaban contenido cultural para el festival ‘Fiesta furiosa’. La periodista, consciente del poder del humor, creó una conferencia performativa, ‘Feminismo para torpes’, donde escenifica situaciones machistas cotidianas. “¡Y funcionó!”, explica.

De las Heras habla con vigor, no titubea. Su voz se decide entre la sorna del humor y la pedagogía del discurso. Pero esta se endurece y abandona la clave de la gracia cuando el asunto lo requiere. Sus ojos negros, perfilados de azul, hacen de compañeros de su abundante melena morena y los labios carmín. En los cercos del Teatro del Barrio, mientras muchos regresan a sus casas tras la jornada laboral, nos sentamos en la cafetería donde los amantes de la cultura se abandonan antes o después de que empiece la función. Hasta hace escasas horas de las Heras estaba sobre las tablas de la habitación contigua. Esta tarde, fuera de ellas, descubro a la periodista y mujer que entiende el feminismo y la educación por encima de todo. 

Nerea Pérez de las Heras durante la entrevista /  © Pablo García

P – Nerea eres periodista, humorista y feminista. ¿En qué momento este último adjetivo dejará de ser un rasgo que haya que destacar?

NP – Nuestra generación no va a ver el momento en el que “feminista” deje de ser un atributo a destacar cuando alguien habla de tu curriculum. Según los últimos datos de El Foro de Davos, que calcula todos los años cuándo vamos a llegar a la igualdad y a la equidad de género, vamos a tardar 135 años porque la pandemia lo ha retrasado una generación más. Vamos a seguir viendo que una periodista, humorista o actriz, además de eso, es feminista. Porque al final es una apuesta política que, a diferencia de otras, impregna tu vida y tus relaciones. Se ve mucho y es muy notable porque es una manera de relacionarse, de vivir, de expresarse y de estar en el mundo. 

P – Como periodista comenzaste a escribir en revistas de moda como Marie Claire, Mujer Hoy o S Moda. ¿Cuál fue la pulsión o el proceso para cambiar el rumbo e ir en ocasiones contra muchos de los patrones que estas revistas reproducen?

NP – Con las revistas femeninas y de moda tengo una relación de amor y odio. Por un lado, son elementos de propaganda y de género para que las mujeres tengan un determinado aspecto, se comporten de una determinada manera y tengan unos determinados intereses. Pero, por otro lado, también han sido tradicionalmente espacios en los que han escrito, fotografiado y gestionado mujeres. La primera Marie Claire es de los ochenta y se hablaba de vestiditos y pintauñas, pero también del aborto, de métodos anticonceptivos y del divorcio. Temas que, a lo mejor por ser para mujeres, no tenían cabida en los medios generalistas. Las revistas femeninas en parte son un espacio en el que se desarrollan con mucha libertad todos estos estereotipos de género, pero también donde nos desarrollamos con mucha libertad las mujeres. 

P – Hoy en día eres una de las principales voces en materia de divulgación de feminismo con tu libro, ‘Feminismo para torpes’. Pero comenzaste en esta casa, en Teatro del barrio. ¿Por qué este ha sido el primer medio de aproximación al público? 

NP – Empecé en el teatro por casualidad, yo no tenía formación teatral, soy periodista e historiadora del arte. Pero unas amigas hicieron un festival llamado ‘Fiesta furiosa’ y necesitaban contenido cultural y social. Yo llevaba tiempo implicada en asociaciones feministas y quería explicar estos datos que conocía a través de metáforas de tal manera que se las pudiera explicar todo el mundo. Cuando me lo propusieron no tenía claro cómo iba a ser, pero tenía el título, ‘Feminismo para torpes’. Me inventé una especie de conferencia performativa donde contaba cosas mientras que dirigía a un actor y una actriz que hacían sketches. Funcionó muy bien, la gente se río y me dijo que había reflexionado sobre cosas a través del humor. El humor relaja y hay situaciones que, cuando las elevas completamente a lo absurdo y las exageras pueden generar una chispa de reflexión que a lo mejor no se generaría de otra manera. 

P – ¿Seguimos siendo torpes cuando hablamos de feminismo?

NP – Sí. Yo también, yo todavía caigo. Todo el mundo lo hace.

El patriarcado es un distribuidor de espacios y tiempos.

P – El espacio común entre ‘Feminismo para torpes’ y tu nueva obra, ‘Cómo hemos llegado hasta aquí’, es este humor, con el que retratas la realidad… ¿De qué manera el humor es un trampolín hacia la conciencia social? 

NP –  En parte porque relaja a quien te está escuchando, permite creatividad e imaginación, crea un vínculo con quien escucha y es un símbolo de inteligencia y de poder. El humor es muy poderoso, el que se ríe en el patio del colegio es quien manda y puede hacer sufrir. Yo no me lo llevo por ahí, pero soy consciente de que el humor puede ser algo dañino y es la herramienta del poderoso. Desde el feminismo no estamos en el espacio de privilegio de poder, de momento. Pero sí podemos utilizar el humor para conectar con los espectadores. Al final lo que a mí me interesaba es que la gente se enterase claramente de lo que me preocupa. Quizás no hubiera funcionado de la misma manera soltarles el sermón. Además, el humor es la forma en la que yo me comunico más fácilmente. 

P – En ‘Cómo hemos llegado hasta aquí’ representáis el recorrido de Olga. Sus vivencias, aparentemente personales, responden a un patrón estructural y encajan dentro de una narrativa política. ¿Está la sociedad preparada para hacer este revisionismo de sus propias costumbres en materia de igualdad y darse cuenta de las desigualdades estructurales?

NP – En eso estamos, es la madre del cordero, y nos lo están intentando desactivar. Hay un gran interés por parte de sectores conservadores de convencerte de que los problemas son individuales y de que no hay que colectivizarse. Los problemas son tuyos, si eres pobre te lo mereces, la meritocracia funciona y reparte espacio y recursos como la ley de la selva. Y no es así. La mayoría de la gente llegamos al mundo colocados en un lugar por nuestro color de piel, por el lugar en el que nacemos, por lo que tenemos entre las piernas, por nuestra orientación sexual, por los recursos que tenían nuestros padres y abuelos. ¿Cómo vamos a perder de vista esto y estar tan diluidos? Esto es antinatural para las personas porque vivimos en sociedad. La libertad individual cabe en esto, pero no estamos solos ni somos islas, somos interdependientes y la mayoría de nuestros problemas son sociales y estructurales. En eso se basa el feminismo, en que hemos empezado a hablar. Precisamente los patrones de maltrato, de racismo o de clasismo son siempre muy parecidos. Está bien organizarse para presionar y cambiar las cosas. 

P – Por eso, en esta obra, además del entretenimiento hay un ejercicio pedagógico que actúa como un espejo, el espectador se puede reconocer en Olga.

NP – Aprendemos que la normalidad no es lo que está bien, sino aquello a lo que estamos acostumbrados. Merece la pena que le echemos una mirada perpleja, extraña y nos animemos a diseccionarla. Las historias de vida personales suponen una manera de sentirnos identificados y tocarnos emocionalmente, pero hay que profundizar para ver de qué manera esas historias personales pueden resonar en la colectividad y los cambios sean un poco más profundos que los que hacemos en el psicólogo o en la psicóloga. 

P  – Sobre las cifras, según I Informe sobre la aplicación de la Ley de Igualdad en el ámbito de la cultura dentro del marco competencial del Ministerio de Cultura y Deporte solo el 35% de de las producciones teatrales en el Registro General de la Propiedad Intelectual están firmadas por mujeres. Comenzaste en esta casa, Teatro del Barrio, ¿qué nos queda para superar esta situación? 

NP –  Esa estadística conecta también con que las productoras dan menos presupuesto a proyectos hechos por mujeres porque hay menos confianza. A su vez conecta con que somos las que nos ocupamos del cuidado de niños, ancianos y dependientes, por lo que cogemos jornadas reducidas. Eso conecta con que las niñas, a partir de los seis años, empiezan a dejar de interesarse por cosas que les interesaba de manera natural y empiezan a interesarse por cosas que el mundo les dice que son “de niñas». No hay una manera de cambiar una sola cosa que tenga que ver con la desigualdad de género, pero hay una manera de incidir en un sistema jerárquico que se llama patriarcado que lo tiñe y lo impregna todo. Y eso va a ir deshaciendo, limando e igualando todos estos porcentajes que están conectados. ¿Cómo no va a estar conectado que seamos las que más horas destinamos a los cuidados con que seamos las que registremos menos obras de teatro? Es que el patriarcado es un distribuidor de espacios y tiempos. Por eso las estadísticas están así. 

Nerea Pérez de las Heras durante la entrevista /  © Pablo García

P – En uno de tus artículos recientes en El País escribes sobre esta inercia de las mujeres hacia el silencio. Tú eres periodista y humorista. Tu trabajo es la palabra pero, ¿cuánto cuesta darse cuenta de que, efectivamente, nos estamos dejando llevar por un patrón de conducta socialmente aprendido y romper la inercia del silencio?

NP – Eso sí que es individual. Romper la inercia del silencio en muchos casos y realidades te puede costar la vida. Yo tengo la suerte de estar muy protegida. Vivo en un país en el que los derechos sociales están garantizados. Puedo ser lesbiana con libertad, me puedo casar y he elegido utilizar mi voz. Espero que eso salpique a quien lo tenga más difícil. Pero romper el silencio te puede costar la vida. Durante la pandemia aumentaron las llamadas al 016, pero disminuyeron los asesinatos. ¿Qué quiere decir esto? Que las matan cuando se piran de casa, cuando rompen este silencio. Las maltratan psicológica y físicamente pero, cuando se piran, las asesinan. Ahí vemos lo que significa romper el silencio, es algo comprobable en los titulares de los periódicos. 

PEntre las víctimas mortales, están aquellas de la violencia de género. Estamos en el mes del 25N y ya van 1.118 mujeres asesinadas desde 2013. ¿Cuál es el papel de las informadoras e informadores para dar una visión de la realidad que sea una fotografía nítida de la gravedad de los datos? 

NP – Formarnos. Yo también la he cagado muchas veces y durante muchos años. He escrito cosas que ahora no escribiría. Por eso tenemos que formarnos como periodistas, las juezas, jueces… Necesitamos una educación feminista porque todo lo que no lo sea es retroceso. Tenemos que aprender de adultas a fijarnos, a estar abiertas y mirar el mundo con un poco de duda y espíritu crítico. Escuchar a quienes están en una situación menos privilegiada que una. En el caso de las periodistas nos puede pasar que los errores se amplifiquen muchísimo. Hay personas en esta sociedad que estamos colocadas en sitios donde los errores son más graves. Por eso tenemos que ser más sensibles, tener más cuidado y formarnos más. 

P – Como periodista haces las preguntas, pero también respondes como autora. En uno de tus vídeos de de ‘Feminismo para torpes’ explicas que el día que a un hombre se le pregunte por la conciliación el 8M ya no será necesario. Hay ciertas preguntas que se hacen a las mujeres solo por el hecho de serlo, una de ellas, esta misma, la conciliación. ¿Cómo responder a estas preguntas? 

NP – Con la paciencia que tengas ese día y, si tienes que mandar a la persona en cuestión por el mismísimo culo, pues a lo mejor lo tienes que hacer. Porque cuidado, no tenemos ninguna obligación de hacer pedagogía para nadie. Según el cariño que le tengas a tu interlocutor, lo a gusto que estés o la mañana que hayas tenido, puedes hacer el ejercicio de decirle “mira, esa pregunta que me has hecho es un poco machista”. Y probablemente te den la razón. Tú verás si quieres hacer el esfuerzo de enjabonar a quien tienes delante, porque incluso a lo mejor te metes en una discusión por intentar ser educada. 

P – ¿Qué estás leyendo en estos momentos?

NP – Una biografía de Hildegarda de Bingen, me está encantando. Es un personaje super interesante, una monja inventora y mística. Se la compara con Leonardo Da Vinci de lo guay que era, es espectacular. 

P – ¿Tienes tiempo para leer?

NP – Sí, porque cojo mucho el transporte público, entonces siempre llevo varios libros. He empezado ‘El Camino de Perfección’ de Santa Teresa de Jesús porque me gusta mucho ella. Tengo este que es un libro pequeñito y lo llevo con el bolso pequeño y el de Hildegarda que es un tocho pues cuando llevo bolso grande. 

P – Muchas gracias, Nerea.

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